El significado del topónimo de Villamuriel proviene de la aglutinación del latino “Villa” pequeña granja, etc. mas el antropónimo o nombre de persona “Moriel”, ya citado como “Murelli” en un documento de la catedral de León de mediados del siglo X. Lo de “Cerrarto” es un anexo localizador usado desde mediados del siglo XIX como zona de abundante cereal.

Vista Villamuriel

Conforman el municipio de Villamuriel, además de esta localidad, el lugar de Calabazanos y su monasterio de Santa Clara, el despoblado medieval de Albures, hoy Soto Blanco, y las urbanizaciones de la ciudad jardín de la Virgen del Milagro, los Olmillos y Gómez Manrique mas la factoría de Fasa-Renault.

Cerca del monasterio de clarisas de Calabazanos se encontraron restos cerámicos y constructivos de época romana, de entre el II al IV después de Cristo acaso proveniente de una “villa”, y una escultura de cabeza masculina del siglo III d.c.

Sería repoblada Villamuriel en el siglo X cuando parece surgiría el nombre de la actual villa. En el siglo XII se ha dicho paso a los caballeros del Temple, pero parece nada de eso es cierto pues tan solo hubo templarios en Villalcazar de Sirga. Luego fue villa de la Corona, de realengo y en el reinado de Alfonso VII la cedió el monarca al obispo palentino, edificándose su iglesia en el siglo XII.

En el siglo XIV “Villamuriel” era lugar de abadengo del obispo de Palencia, residiendo en la villa varios prelados, manteniendo la villa un palacio-fortaleza que fuera destruido y saqueado en 1520 en el alzamiento comunero.

En este siglo ya existe su puente gótico de cinco ojos, ahora muy remodelado.

Ya en 1978 se abría en su termino la empresa de automóviles Fasa-Renault.

El monasterio de Santa Clara de Calabazanos es igualmente monumento histórico-artístico desde el 2 de Febrero de 1979, y ha sido conocido vulgarmente como “el Escorial de adobe” según José Álvaro de Ojeda.

A la muerte de Pedro Manrique, el año 1440, su viuda, doña Leonor, encargo a su hijo Diego Gómez Manrique y a Rodrigo Manrique –padre de nuestro insigne Jorge Manrique- , el traslado de los benedictinos que había en Calabazanos para fundar con sus hijas, Aldonza y María, el monasterio femenino al que mas tarde, en el año 1468, se retirarían. La fama de las fundadoras convirtió rápidamente el cenobio en lugar de encuentro de la alta sociedad. Muchas de sus damas tomaron en el los hábitos.

Aquí nacio, por otro lado, el teatro castellano. En el pórtico y en su interior se representaron égolas y autos, tanto de Gómez como de Jorge Manrique, amén de otros muchos escritores y literatos de la época. La iglesia del monasterio es del siglo XVII y solo tiene una nave en su planta. Su fabrica es mixta, a base de piedra y ladrillo. La puerta de acceso se encuentra en el lado norte.

Interiormente la nave tiene cinco tramos, uno de ellos correspondiente al prebisterio. Todos ellos cubiertos con bóvedas de cañón con lunetos, decoradas con magnificas yeserias, según parece del mismo estilo de las del artista Martín Machuca. Descansa el conjunto de las cubiertas sobre de arcos de medio punto apoyados sobre pilastras adosadas. Bajo el coro que remata la nave a los pies, están enterradas las hijas de la fundadora, doña Leonor de Castilla.

En el lado de la Epístola se conserva un retablo del siglo XVIII y otro en el lado del evangelio, con una magnifica talla de la Virgen con el Niño, fechada a finales del siglo XV. El retablo mayor, de extraordinaria presencia, esta atribuido a Pedro de Correas y es también del siglo XVIII. Se adorna con imágenes de varios santos entre los que cabe destacar una de Santa Clara, colocada sobre el tabernáculo, y un crucifijo en el ático, fechado en el siglo XVI, de estilo muy similar al de Juan de Valmaseda.

En el coro se encuentra un magnifico sepulcro de mediados del XVI, con relieves representando a Santa Isabel, San Juan niño, la Virgen y Jesús. El otro sepulcro pertenece a doña Inés de Manrique, fallecida en el año 1535, mujer del Adelantado de Murcia, Juan Chacón.

El sepulcro de la fundadora, fallecida en el año 1470, se encuentra en dependencias del claustro. Es de piedra policromada y se atribuye a Alejo de Vahia. Ha sido restaurado recientemente y en el se representa, en estatua yacente, a doña Leonor. En el archivo del cenobio se conserva abundante documentación con los apuntes y recetarios de los medicos que trabajaron atendiendo a la comunidad de monjas y sus visitantes.